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Nuestro comentario para el lanzamiento de la cumbre climática de la ONU en Madrid

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Mina de litio en el desierto de Atacama, Chile
Lithium-Mine in der Atacama-Wüste, Chile REUTERS / Ivan Alvarado

En todo el mundo los movimientos sociales se resisten al sometimiento de los seres humanos y la Tierra por parte de las poderosas élites económicas. Nuestro comentario para el lanzamiento de la cumbre climática de la ONU en Madrid

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De la lucha contra el neoliberalismo al movimiento por la justicia climática, de los alegatos por los derechos laborales a protestas contra proyectos mineros, de debates sobre el derecho a la migración a la defensa de pequeñes campesines frente a los grandes consorcios de la agroindustria: las luchas por la justicia constituyen un campo muy variado a nivel mundial. Con un «¡No!» rotundo, la gente del mundo entero les impone límites a les poderoses que conservan la ilusión de poder restringir los derechos humanos fundamentales y someter a los seres humanos y a la Tierra a sus intereses de lucro y poder.

Dossier: "UN Climate Summit in Madrid"

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Lo anterior es también el telón de fondo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de este año y de su cambio de sede de Santiago de Chile a Madrid: la efervescente situación en Chile muestra de forma ejemplar lo entrelazadas que están las múltiples crisis de nuestro tiempo y cómo éstas están enraizadas en la lógica de un sistema que desprecia por igual los derechos humanos y los límites de los ecosistemas.

Chile: Una sociedad al límite del dolor

Las protestas sociales en Chile surgieron de las bases amplias de la sociedad, más allá de cualquier gran partido u organización. Se trata de una reacción legítima a las injusticias sociales y a la falta de posibilidades de participación, las cuales han reducido los derechos fundamentales de la población chilena desde hace décadas. La actual crisis social es una reacción al neoliberalismo, las políticas de austeridad y el abuso de poder con base en una constitución firmada durante el régimen dictatorial de Pinochet bajo la desastrosa influencia de los Chicago Boys, la cual asegura la influencia, el lucro y el poder de las élites. ¿El resultado? Un mercado completamente desregulado, la venta total de bienes esenciales como la educación, la salud, las pensiones y el agua a privados, y una sociedad que alcanzó su umbral de dolor, debido a la intensa presión de rendimiento, un endeudamiento privado desenfrenado, la falta de derechos fundamentales y una profunda división social y económica.

Adicionalmente, el modelo económico chileno está basado en un extractivismo devastador desde el punto de vista ecológico y social, en el que las ganancias de la industria y de una élite pequeña son el motor de violaciones de derechos humanos, la destrucción de la naturaleza y de las formas de subsistencia, así como la violación del derecho de autodeterminación de las comunidades locales. La actual crisis de agua, que se debe a la acción conjunta de la agroindustria invasiva, la minería contaminante que requiere grandes cantidades de agua, los periodos de sequía de origen climático y la privatización del agua en manos de grandes empresas globales, revela la potencia explosiva que provoca este sistema en combinación con el cambio climático. Las protestas del pueblo chileno le imponen claros límites a la continuación del modelo actual. El movimiento ya logró sus primeros éxitos. Pero para hacer cumplir sus exigencias centrales, es necesario mantener la presión desde abajo.

De Santiago de Chile a Madrid

Después de que Chile canceló la cumbre climática de la ONU y Madrid anunció que iba a organizar el evento, decidimos dividir nuestra delegación internacional de la fundación Rosa Luxemburgo. Vamos a cubrir, desde ambas ciudades, tanto las contra-cumbres "Cumbre de los Pueblos" y "Cumbre Social por la Acción Climática" en Santiago como la cumbre climática de la ONU y la "Cumbre Social por el Clima" en Madrid.

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Las restricciones del sistema impiden soluciones reales

Tanto la cumbre climática COP25 como la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), la cual también fue cancelada, les hubieran dado una plataforma a les activistas y protestantes de Chile para vincular su crítica a la injusticia social con preguntas relacionadas con el clima, la economía y el poder, y así exponer estas interrelaciones a un amplio público (global). La falta de incluir esta estrecha relación entre las crisis sociales y las crisis ecológicas como daños colaterales ineludibles de nuestro sistema capitalista en la agenda política se hace evidente en las cumbres sobre cambio climático de la ONU. Porque hay algo que no suele tematizarse abiertamente en estas cumbres: mientras que nuestra forma de producir, movernos y consumir dependa de las restricciones del sistema, mientras que nuestras estructuras poscoloniales perduren y el Norte global no salde su deuda ecológica, seguirán violándose los derechos de las personas, dominarán las falsas soluciones, y no habrá una reducción lo suficientemente drástica de la emisión de gases de efecto invernadero.

Necesitamos un debate sobre los límites

Necesitamos hacer un debate de fondo sobre los límites naturales y éticos de nuestro sistema económico. Esto quiere decir que los movimientos y las comunidades deben plantear estos límites y luchar por ellos, si fuera necesario. Parte de este debate debe ser, por ejemplo, el derecho de cada comunidad a decir ! «¡No!» al desplazamiento y a la contaminación ambiental que resultan de la explotación de recursos, incluso si se trata de materias primas para el desarrollo de tecnologías (supuestamente) limpias. Esto se hace evidente, por ejemplo, en el debate sobre la expansión de la movilidad eléctrica en el marco de un “Green New Deal”, pues tenemos que asegurarnos de que las tecnologías implementadas no violen los derechos de las comunidades, reproduciendo viejas injusticias vestidas de verde. Lo anterior incluye reconocer los límites de nuestro planeta evidentemente agotado y finito y renunciar a la ideología del crecimiento económico constante. Y también requiere cuestionar esta promesa de salvación neoliberal de una libertad (de consumo) infinita tan enraizada en nuestras mentes y corazones, y reemplazarla por valores solidarios y más compatibles con la vida.

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El hecho de que la COP25 pueda ocurrir según lo planeado, a pesar del cambio de locación a última hora, muestra ante todo que una gran parte de la comunidad internacional se mantiene firme en el proceso de la CMNUCC y el Acuerdo de París, especialmente ahora después del retiro oficial de Estados Unidos. Por lo tanto, también puede considerarse como un compromiso con el multilateralismo. No obstante, no debemos olvidar que las negociaciones internacionales sobre la protección climática deben continuar, y con más compromiso. Basta recordar que los principales países industrializados y emergentes que hacen parte del G20 son responsables por el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero; sin embargo, ninguno de ellos va en camino a alcanzar la meta de 1,5 grados. A más tardar en 2020 deben fijarse nuevas metas más ambiciosas en todas las áreas (reducción de emisiones, medidas de adaptación y financiamiento climático) en el marco del  Acuerdo de París.

Las protestas y los movimientos sociales son centrales para una política climática exitosa

Los movimientos sociales tienen una importancia destacada en este proceso. Por eso es especialmente grave que el cambio de locación de la cumbre tenga un impacto tan fuerte en los espacios de protesta de la sociedad civil relacionados con el mega-evento de la ONU. El hecho? que la COP sea organizada, al final de las cuentas,  nuevamente por un país del Norte global (España), refleja la distribución inequitativa de los recursos económicos a nivel global. Cambiar las reservas de vuelos y hoteles, y solicitar visas para entrar en el espacio Schengen es especialmente difícil para les activistas del Sur global. Sin embargo, su presencia en la cumbre y sus eventos laterales o de protesta son extremadamente importante, puesto que las COP cada vez les sirven más a los países anfitriones para generar legitimidad política (climática) más allá de su verdadero progreso. Y España no es la excepción. A pesar del cambio a última hora, el movimiento de justicia ambiental español logró organizar una cumbre alternativa, que será un espacio para establecer conexiones críticas en relación con la COP, así como una manifestación conjunta.

La crisis climática causa daños, pérdidas y desplazamientos masivos

La lista de temas que requieren con urgencia un público crítico en el marco de los complejos procesos de negociación de las cumbres – especialmente desde el Sur global – es larga: En la COP25 se discutirá, entre otras cosas, el futuro del Mecanismo Internacional de Varsovia (WIM, por sus siglas en inglés). Este mecanismo no trata de un tema técnico abstracto, sino de la pregunta acerca de cómo garantizar el derecho a una vida digna a millones de personas en tiempos de crisis climática. Las sequías, las lluvias extremas, las tormentas y la subida del nivel del mar ya están causando pérdidas de vidas humanas, la destrucción de los espacios vitales y el sustento de muchos, ponen en riesgo la seguridad alimentaria y fortalecen las injusticias ya existentes.

La exigencia central es que el WIM sea fortalecido institucionalmente y se le asignen recursos financieros propios, con el fin de poder proteger efectivamente los derechos de las personas afectadas. Esto incluye necesariamente indemnizaciones económicas, además de los miles de millones que el Norte, debido a su responsabilidad histórica, debe pagar al Sur para su protección y adaptación climática. Adicionalmente y en base de los numerosos procesos y discusiones internacionales sobre la migración climática, hace falta establecer estándares y acuerdos vinculantes para refugiades climátiques (inclusive un pasaporte especial).

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The climate crisis leads to loss, damage and displacement
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“Transiciones justas”: más que “empleos verdes”, ¡una transformación socioecológica!

Otro de los temas que requieren un acompañamiento crítico es el debate acerca de las «transiciones justas» («just transition» en inglés), un concepto vago que es utilizado de diferentes formas por diversos sectores según sus intereses. Aquí, se trata de desenmascarar los impulsos de utilizar el concepto de «transiciones justas» como velo para ocultar la extensión y conservación de los intereses de las empresas y los empleos de la industria de combustibles fósiles. Indudablemente, la industria de combustibles fósiles amenaza de forma masiva la supervivencia en nuestro planeta, pero esto no quiere decir que haya que luchar contra quienes trabajan en ella. Por el contrario, la meta debe ser la reconfiguración de la economía de tal manera que ya no esté basada en la explotación de recursos – sean estos naturales, animales o humanos –, sino que forme parte de un proceso justo con la participación de todes, inclusive les trabajadores, de reestructuración de nuestra forma misma en la que gestionamos los recursos.  

More on the debates around "just transition":

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Rosa Luxemburg Foundation

Es un hecho que las preguntas esenciales que serán tratadas en las negociaciones de la ONU afectan intereses básicos de los que se benefician del sistema de combustibles fósiles. Para alcanzar el éxito dentro y fuera del proceso de la ONU, la presión desde abajo es más importante que nunca . Los movimientos sociales que buscan justicia a nivel mundial – entre los cuales hay resonancias fascinantes – son alentadores: Se oponen a políticas antisociales y antiliberales, surgen en muchos casos de las bases amplias de la sociedad y lejos de la dominación de partidos políticos, y se oponen a las élites nacionales y globales. En todo el mundo se alzan y limitan con un fuerte  «¡No!» el poder de quienes creen que pueden someter a los seres humanos y la naturaleza. Nos Levantaremos.

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