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Artículo , : Walter Benjamin contra la reescritura reaccionaria del presente

Las Tesis sobre el concepto de historia descubren en la rememoración el poder de transformar el presente a través del pasado inconcluso.

Datos importantes

Detalles

Ilustración collage Walter Benjamin
Ilustración: Nicolas Demarco (@cuboblanco.estudio)
  • "Benjamin iba cargado con una pesada cartera, que entorpecía su marcha. Era “la cosa más importante”: contenía un manuscrito “que hay que salvar ocurra lo que ocurra, más importante que mi propia persona”.
    Narración de Lisa Fittko citada por Reyes Mate, Medianoche en la historia.


    “Lo único que conserva (porque lo ha perdido todo, no tiene ni zapatos) es un portafolio de cuero, que tiene atado a la cintura, en su costado derecho, donde guarda su diario de campaña y sus libros”.
    Ricardo Piglia, sobre la captura del Che Guevara en Bolivia, en El último lector.

La pregunta política-existencial decisiva sigue siendo la siguiente: ¿dónde buscamos esperanza? Kafka precisó que ella jamás estaría disponible para nosotros. Que habría que buscarla, en todo caso –“pequeña y absurda”–, en el rostro de los condenados. Si alguien supo precisar esa búsqueda fue Walter Benjamin, cuya larga reflexión converge en sus Tesis sobre el concepto de historia, texto que llevaba en su pesada cartera mientras intentaba sin éxito cruzar la frontera entre Francia y España escapando de la Europa fascista. Benjamin se suicidó en Portbou, España, el 26 de septiembre de 1940. 

Las Tesis no fueron difundidas durante la vida de su autor. Y no dieron con la conmoción de sus lectores sino hasta entrados los años sesenta (década en la que, dicho de paso, fueron traducidas por primera vez al castellano por el escritor Héctor Murena para la revista argentina Sur). Su carácter fragmentario, a la vez que testamentario, influyó en el aura esotérica de este escrito que ocupa un lugar extremadamente singular entre marxistas y teólogos. Esta extraña conjunción de un mesianismo redentor y revolucionario, con una crítica demoledora al progresismo y al historicismo y con una férrea voluntad izquierdista de enfrentar al fascismo cristaliza en una nueva teoría del conocimiento. 

En la introducción a La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia (compilación publicada por las editoriales LOM de Chile y Tinta Limón de Argentina), el profesor Pablo Oyarzun Robles plantea los términos de una lectura de las Tesis como un esfuerzo por crear un concepto de historia útil para enfrentar el fascismo. Si es propio de la “tradición de los oprimidos” vivir “el estado de excepción como regla”–dice la tesis VI–, también lo es que ni el concepto progresista (que confía en las bondades en la evolución técnica), ni el historicista (que confía en “leyes” objetivas) nos serán útiles para crear un “verdadero estado de excepción”. No nos ayudan a mejorar nuestra posición en la lucha contra la pura “facticidad” del poder. 

En una carta del 2 de agosto de 1940, Benjamin le escribió a Gretel Adorno: “Estoy condenado a leer cualquier periódico como una notificación personal”. ¿Hay un modo más preciso de referirse al fascismo de todos los tiempos que este saberse condenado por una agresividad del poder que poblaciones enteras reciben cotidianamente como una “notificación personal”? Esta experiencia extrema es también la que con mayor lucidez cognitiva delinea un modo de existencia cuyo imperativo es evitar –a como dé lugar– que la imagen del futuro (tanto individual como colectivo) se cierre pesada, mortiferamente sobre este presente como un hecho consumado.

Colapsadas las filosofías de la historia que sostenían un tiempo abstracto evolutivo o predecible, y desacreditado con ello el conformismo intelectual que trabaja en favor de las clases dominantes, es la propia idea de esperanza –y de utopía– la que se reconstituye. Ya no como un futuro venturoso, sino como capacidad de provocar una discontinuidad en el continuo del tiempo histórico, ante un presente que se nos aparece como igual a sí mismo. La esperanza, fuera de la estructura promesa-espera, se reconstituye entonces como persistencia actual de pasados “truncos” cuya carga explosiva puede suscitar un estallido liberador de posibles, reabriendo el futuro y recobrando un por-venir. 

Desabsolutizar el presente

LasTesis descubren ese poder en la rememoración. Es ella quien tiene el poder de transformar el pasado ya sido en pasado inconcluso. A diferencia de la conmemoración, que rinde homenaje y dispone lo sido como herencia, la rememoración hace de lo ya ocurrido un asunto aún “inconcluso”, una cuestión “pendiente”. Su rescate de una experiencia remota, de una lucha antigua, sugiere un choque entre pasado y presente que convierte las aporías –tensas o durmientes de la actual coyuntura– en antagonismos vivos. Es, pues, dice Oyarzún, la entera temporalidad del tiempo la que así se configura, emancipando el futuro de las determinaciones que se proyectaban sobre él. Si esto es así, la rememoración es, entonces, la operación de rescate de un antiguo presente irrealizado, cuya evocación ejerce una contra-violencia propia de la lucha de clases, orientada a desactivar la violencia primaria que hace del presente un tiempo homogéneo y vacío. 

Esta contra-violencia, que desabsolutiza la temporalidad de la dominación (la subsunción de la actividad humana a los procesos de valorización del capital), comparece en tanto pasado que ha quedado trunco (como añoranza irrealizada de los oprimidos), haciendo surgir, en choque con este presente, una nueva “imagen” del tiempo incompatible con el continuo histórico de la dominación. Esos pasados, existencias irrealizadas, son portadores de un “índice de redención” hacia cuyos derechos se orienta la “débil fuerza mesiánica” que renace con cada generación. 

El sujeto de conocimiento es, en las Tesis, un sujeto “en peligro”, siempre en riesgo de caer en la aceptación pasiva de una historia naturalizada. Es solo para él –para quien lo apremiante hace de la cuestión temporal una cuestión de vida o muerte– que el pasado trunco relampaguea, brindándole la “imagen” que abre dialécticamente posibles salvíficos. El pasado tal y como “realmente ha sido” adviene entonces como una “cita secreta” y un saber izquierdista capaz de hacer saltar el presente como derrota del “progresismo” (una secularizada teología de la salvación) y del “historicismo” (un positivismo de los “hechos”).

Actualidad de las Tesis en tres escenas 

Retomando: la lucha de clases como disputa por la temporalidad, que llevaba a los proletarios de París a disparar contra los relojes durante la Revolución de Julio (1830), opone hoy dos paradigmas incompatibles. En el extremo –como lo vemos en Palestina– esos paradigmas se exhiben como genocidio y persistencia. En su libro El lobby sionista (2024), el historiador judío Ilan Pappé argumenta que la razón por la cual Israel se obsesiona con el reconocimiento de su estatalidad se explica por la desafiante persistencia del pueblo palestino, que se resiste desde hace décadas a la limpieza étnica. La creación de unidades políticas vía “colonización por asentamiento” –como en EEUU y Argentina, entre otros– somete y/o aniquila población local, y obtiene luego reconocimiento en la medida en que se completa un borramiento (casi) total de la “injusticia inherente al proyecto” nacional-estatal. 

En el caso de Israel –y de la tentativa extremo-derechista de crear un Gran Israel– la persistencia palestina actúa como un obstáculo, insuperable en la medida en que despierta simpatías y solidaridades en muchas partes del mundo. Según el profesor Baruch Kimmerling, lo que Israel se propone es ejecutar un “politicido”: un acto de aniquilación cuyo fin último es la disolución del pueblo palestino como entidad social, política y económica legítima. La voz “nakba” (catástrofe), que nombra la persecución instaurada con la fundación del Estado de Israel en 1948, es la temporalidad de la persistencia. En Un detalle menor, novela de Adania Shibli (2017), el pasado trunco es rememorado por una joven mujer de Ramallah que sale en busca de los restos enterrados en el desierto de otra mujer palestina asesinada décadas atrás, cuando el ejército de Israel aseguraba sus fronteras. Violada, asesinada y enterrada en el desierto por un jefe militar, sólo los ladridos de un perro hacen oír el horror. El viaje de la joven está cargado de dificultades (zonificaciones y puestos de seguridad militares; incompatibilidad entre nuevos mapas israelíes y viejos mapas palestinos, por arrasamientos de viejas aldeas y borramiento de sus nombres). Pero ella ha escuchado los ladridos y busca, aunque en los kibutz no hay registros que puedan orientarla. Esa búsqueda encarna la persistencia de la que habla Pappé. 

Lejos de Israel, pero próximo a los Estados Unidos, comienza a hablarse de la intensificación del bloqueo a Cuba como de una Gaza en cámara lenta. Luego del 3 de enero de 2026, fecha de la acción militar del gobierno de Trump sobre Venezuela en la que fueron secuestrados el presidente Nicolás Maduro y su esposa, la isla quedó literalmente al borde de la inanición. Tras la implosión del socialismo europeo y el corte abrupto de importaciones de insumos esenciales –“período especial” de la década de 1990– y la pandemia (que disminuyó al máximo la entrada de divisas por turismo), la acción de cerrojo norteamericana acompañada por la amenaza de acciones militares dejó a Cuba sin combustible, con limitado acceso a la energía eléctrica y hasta con escasez de distribución de agua. Un documento del Departamento de Estado fechado en julio pasado afirma que “Cuba ha sido —y, sin reformas fundamentales y radicales, siempre será— menos un Estado-nación que una operación integral de inteligencia y subversión, centrada en su revolución existencial contra los Estados Unidos”. La pobreza del argumento potencia la agresividad con la que el Imperio condena a una población a otro tipo de “politicidio”, sin que ninguna potencia mundial o regional se interponga. En este contexto, durante el mes de abril de 2026, el legendario cantante brasileño Chico Buarque llegó a la isla cargado con valijas de medicamentos y un propósito artístico: grabar una nueva versión de la canción Sueño con serpientes, de Silvio Rodríguez, junto con el conocido trovador. Kaloian Santos Cabrera, fotógrafo cubano que asistió al encuentro, escribió que Sueño con serpientes es también el sueño “trunco”. En el mes de mayo se conoció la grabación versionada por los cantantes octogenarios, acompañada por un video en el cual se registra la dolorosa belleza de una Habana en ruinas. La figura del Che Guevara aparece allí dos veces: la primera como estandarte oficial, y la segunda en un cuadrito antiguo y pequeño sobreviviendo sobre una pared abandonada. Como un desecho, dejando abierto más de un curso posible para la imagen del Che. Como estandarte para una reconversión del proyecto estatal, pero también como un persistente Che entre escombros señalando un por-venir que aún no se avizora. Un Che pasado pendiente, en medio de una resistencia extrema.

LasTesis descubren ese poder en la rememoración. Es ella quien tiene el poder de transformar el pasado ya sido en pasado inconcluso. A diferencia de la conmemoración, que rinde homenaje y dispone lo sido como herencia, la rememoración hace de lo ya ocurrido un asunto aún “inconcluso”, una cuestión “pendiente”

En todo caso, las Tesis evocan una “historia secreta” que engendra a cada instante nuevos posibles. Ellas no pretenden sustituir la historia real por una retórica de “virtualidades utópicas”, ni a nosotros podría interesarnos semejante cosa. Si interesan es por lo que proponen en términos de articulación política a partir de las luchas concretas del presente. Este valor político –incluso revolucionario– surge en la indicación sobre el mecanismo 
de revelación, a la luz del futuro inminente, de aquellos vestigios de pasados irrealizados como elementos de una constelación que ilumina una nueva posibilidad de existir (es decir, de ruptura) en el presente.

El 24 de marzo de 2026 se recordaron en las plazas de Argentina los cincuenta años del último golpe militar. Desde que en el 2023 asumió la presidencia Javier Milei, el nuevo gobierno –que expresa fielmente a la fracción civil que constituyó el soporte económico e intelectual de la dictadura que gobernó entre 1976 y 1983– renovó una retórica de enemistad y aniquilamiento que pretende borrar inequívocamente toda memoria de las luchas populares. Esta reescritura del pasado es un imperativo del experimento libertariano que fantasea con desregular la estructura social del país –mediante la liberación de la circulación de capitales, el ajuste brutal del gasto público, la liquidación de derechos laborales y un blindaje jurídico a los grandes capitales en tribunales norteamericanos – por medio de un alineamiento con la política internacional de Trump (que incluye el seguidismo de la política de Netanyahu). 

Cada 24 de marzo el gobierno de Milei difunde videos oficiales con su versión de la historia en la que se niega que la última dictadura militar haya impuesto un Estado terrorista, expresión acuñada por el abogado, historiador y periodista argentino Eduardo Luis Duhalde para designar una institucionalidad específica que reconoce en la acción represiva clandestina y las prácticas ilegales aberrantes rasgos sistemáticos y choques permanentes. Esa forma estatal fue la respuesta de las clases dominantes a los requerimientos de la defensa del orden social capitalista frente a la contestación social. La disputa por el pasado, en la que nuevas generaciones toman el relevo de la memoria en choque reiterado con políticas que imponen  un patrón de valorización financiera y una economía de enclave, politiza una y otra vez el carácter truncado de los proyectos revolucionarios de antaño en un contexto nuevo, en el que, como señala la profesora argentina Pilar Calveiro en su libro De matar a dejar morir (2025), se apunta a “la aniquilación de la sociedad, entendida como espacio de organización y acción colectiva”. El choque entre memoria como reserva de saberes y resistencias que pugnan por instaurar nuevas conexiones crea un concepto de historia en el que el susurro al oído de las generaciones anteriores debe ser descifrado en un presente cada vez más biopolítico, cuyas luchas se dan al ras de la sobrevivencia.

Si volvemos a la pregunta del comienzo, ¿dónde buscamos la esperanza? y respondemos apuntando a la necesidad de resistir el paradigma genocida, en sus diversas presentaciones, ¿cómo no sentirnos responsables por los epígrafes de este artículo? Benjamin o Guevara, en marcha entorpecida por el peso de unos manuscritos o diarios de guerra, cargaban con tesoros destinados a provocar una conmoción mayor en unos lectores, ofreciéndoles una inspiración para hacer del inconformismo una fuerza de vida incluso en la peor de las desorientaciones. 

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