News | COP 25 Cumbre climática en dos continentes

En la COP25, les tomadores de decisiones son presionades por todos los flancos

Angela Valenzuela is a member of Fridays For Future Chile
Angela Valenzuela está comprometida con Fridays for Future Chile, con Sociedad Civil por la Acción Climática (SCAC) y con 350.org. El ojo es un símbolo de la protesta contra la violencia de la policia chilena, que dispara buscando los ojos de lxs activistas. Centenares fueron heridos, algunos perdieron la vista.

El 30 de octubre Chile canceló la cumbre climática de la ONU debido a las feroces protestas en todo el país; dos días después se decidió que Madrid sería la sede de la cumbre. Inmediatamente después de este anuncio, se activó la comunicación entre les activistas (climátiques) chilenes y españoles: ¿Cómo se asegura que las voces críticas de Chile jueguen un papel prominente en esta COP, que debió haber sido una COP latinoamericana? ¿Cómo organizar una cumbre alternativa en Madrid en tan solo cuatro semanas? ¿Cómo pueden vincularse solidariamente las cumbres y las manifestaciones de Chile y España? ¿Quién viajará a Santiago y quién a Madrid? ¿Quién organizará qué evento y dónde? ¿Cuáles aliades se reunirán y cuáles organizarán las protestas? 

Dossier
"UN Climate Summit 2019 in Madrid"

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Queda claro que tanto en Santiago de Chile como en Madrid las redes de la sociedad civil son solidarias, creativas y resistentes. Con gran energía, cientos de voluntaries organizaron tres grandes eventos de varios días de duración en ambas ciudades —incluidas la recaudación de fondos, la selección de espacios, la elaboración del programa, y la organización de alojamiento, catering, traducción, arte y cultura— y al mismo tiempo se movilizaron para hacer manifestaciones, en algunos casos en un tiempo extremadamente corto. Cerca de 600 personas están reunidas en Chile en la Cumbre de los Pueblos 2019 y la Cumbre Social por la Acción Climática bajo el lema #NoHayCOPSíHayCumbre. En la Cumbre Social por el Clima de Madrid hay unos 1000 participantes. Las calles también han estado llenas de gente: En Santiago, 30 000 personas se manifestaron el 6 de diciembre a pesar de las represiones de las últimas semanas; en Madrid, medio millón de personas se unieron a la Marcha Global por el Clima.

Profundización de la organización y formulación de demandas

En Santiago de Chile se discutió principalmente sobre el papel de las comunidades en la lucha contra la crisis climática. Además, se habló de la crítica fundamental del modelo económico extractivista, el desarrollo de alternativas para una sociedad respetuosa con el clima y la integración de les migrantes. «Las formas de abordar la política y las nuevas formas de organización que se han puesto a prueba en las últimas semanas se profundizan, se discuten y se cristalizan en demandas», explica Lucio Cuenca, de la organización ecologista OLCA, la cual colabora con la Rosa-Luxemburg-Stiftung y es una de las principales organizadoras de la Cumbre de los Pueblos. «Tras la decisión del presidente de no asumir la responsabilidad de las consecuencias de sus políticas, queremos reunir las demandas y desarrollar contraestrategias». Así pues, se debate constantemente acerca de las expectativas y perspectivas de una asamblea constituyente que será elegida después de un acuerdo muy discutido entre el gobierno y la mayoría de los partidos de la oposición en 2020. Las modalidades exactas todavía son motivo de disputa.

El ejemplo del agua demuestra claramente cómo la estructura exacta de la nueva Constitución está vinculada a las cuestiones medioambientales y climáticas. El Código de Aguas, anclado en la Constitución de Pinochet de 1980, constituye la base para la privatización total del agua en Chile y, por lo tanto, sirve a los intereses de las empresas mineras, la agroindustria y de aquellos que se lucran de la silvicultura. «En tres cuartas partes de Chile hay sequía extrema», dice Cuenca. «Sin embargo, el gobierno de Piñera quería privatizar aún más el agua para ofrecer a las corporaciones aún más seguridad de inversión».

Temas más allá de Chile

Las cumbres alternativas, con más de cien eventos, están conformadas sobre todo por participantes de América Latina, pero también hay activistas de todo el mundo. Se tratan temas que van mucho más allá de la situación en Chile. Se discuten las diferentes experiencias de los procesos generadores de asambleas en la región, así como los antecedentes y paralelismos de las protestas en Bolivia, Ecuador y Colombia. Los sobrevivientes de la dictadura militar de Pinochet se unen a la generación joven para reflexionar sobre las formas del Buen Vivir. La cumbre publicó una declaración con demandas centrales en la que también se condena el hecho de que el gobierno chileno continúe en la presidencia de la COP25 a pesar de la violencia masiva contra los manifestantes en su propio país.

Declaración de la Cumbre de los Pueblos 2019

Leer aquí todo la declaración

En la Cumbre Social por el Clima de Madrid, con cerca de 300 eventos, los temas y les activistas de Chile y Latinoamérica también tienen un lugar destacado. En general, la cumbre se centra en las voces del Sur Global y de las comunidades indígenas. «La COP25 debería tener lugar en Chile», dice Angela Valenzuela de Fridays for Future Chile. «Nos aseguramos de que las voces de nuestra región sean escuchadas aquí». Esto es importante, porque dentro de los salones de la sede de la conferencia de la ONU las protestas están en peligro de desvanecerse debido a los procesos de negociación, que se han vuelto extremadamente complejos y multifacéticos, a pesar de que hay algunos eventos secundarios críticos, como el de Alto Maipo. La presidencia chilena de la COP esconde estos temas bajo la alfombra, por supuesto. La Cumbre, en cambio, les da un lugar muy importante. En ella se habla de redes estratégicas, agroecología, intercambio de experiencias y tácticas de resistencia contra proyectos REDD+, derechos a la tierra, redes feministas y mucho más.

Las manifestaciones, protestas y actividades en Santiago y Madrid tienen algo fundamental en común: la impresión de que hay una brecha cada vez más gigantesca entre la presión de millones de personas que se lanzan a las calles en todo el mundo y los gobiernos que se rehúsan a cambiar, entre una crisis climática desbocada y la política real. Esto puede ilustrarse con una sola cifra: desde la adopción del Acuerdo de París sobre el clima, las emisiones mundiales han aumentado en un total del cuatro por ciento. Este sentimiento se ve reforzado por el hecho de que grandes corporaciones y bancos como Santander, Suez, Iberdrola y Endesa son patrocinadores de la COP25 y se permite que sus grupos de cabildeo influyan en las negociaciones, mientras que la policía canceló el Tour Tóxico, un recorrido por la ciudad de Madrid que pretendía evidenciar la devastadora influencia de estos mismos bancos y empresas en la crisis climática.

Intentos de ejercer influencia en muchos niveles

Las organizaciones, grupos y ONG acreditadas como observadores de la COP25 intentan influir y ejercer presión en las negociaciones de la ONU a muchos niveles. A pesar de que la cumbre climática del año pasado produjo las normas para el Acuerdo de París, el proceso de las Naciones Unidas va lentamente y a hurtadillas detrás de la desbocada crisis climática, y muchos puntos de las negociaciones van en una dirección catastróficamente equivocada: los Estados están regateando sobre el diseño de mecanismos de mercado para el comercio con certificados de CO2, aunque la experiencia demuestra que estos pueden retrasar la reestructuración de la economía que se necesita con urgencia y tienen consecuencias devastadoras para la población y la naturaleza. La medida en que la lógica del lucro podría imponerse en las negociaciones queda ilustrada por el hecho de que incluso la más mínima referencia al afianzamiento de los derechos humanos y otras salvaguardias, como los derechos de la mujer en el artículo correspondiente del Libro de Reglas de París, corre el riesgo de desaparecer.

Otro tema central de esta COP es que los países industrializados siguen negándose siquiera a hablar de cuánto dinero tienen que poner sobre la mesa para compensar los enormes daños y pérdidas causados por la crisis climática. Y todavía no han siquiera acordado un calendario común para anunciar sus objetivos climáticos nacionales (NDC), incluyendo los paquetes de medidas asociados. Esto es nefasto, porque este mecanismo es fundamental para el reglamento del Acuerdo de París, pues constituye la base para hacer un balance periódico de si los esfuerzos de la comunidad internacional son suficientes. Mientras tanto, se están promoviendo mecanismos y tecnologías como los mercados de CO2, la energía nuclear y las tecnologías de almacenamiento de CO2 que permitirán rentabilizar la crisis climática.

Afortunadamente, les representantes estatales no pueden negociar todo esto sin ser observades. Les representantes de los movimientos sociales —y sobre todo los del Sur Global— meten los dedos en la llaga, hablan con les negociadores locales, ejercen presión sobre sus propias delegaciones e informan a sus países de origen, aumentando la presión por una política climática ambiciosa. Los movimientos sociales que siguen el proceso están haciendo todo lo posible para seguir las negociaciones de manera crítica: acciones creativas en el lugar, conocimiento experto sobre las negociaciones, trabajo de prensa, conversaciones con delegaciones, trabajo en red con otres activistas presentes en el lugar. Una y otra vez les activistas también se recuerdan mutuamente que deben utilizar el privilegio de viajar a las cumbres de la ONU de manera efectiva y estratégica para ejercer la mayor influencia posible. ¿Dónde hay una oportunidad, un impulso que se pueda aprovechar?

Las alianzas entre los pueblos indígenas, los movimientos de base, las organizaciones de la sociedad civil, los grupos feministas, las ONG y otras organizaciones de activistas abarcan una red cada vez más densa de resistencia a la crisis que avanza de manera dramática en todo el mundo, no solo entre Santiago de Chile y Madrid. Las redes de la sociedad civil son sólidas, creativas y resistentes, pero la protesta todavía no ha tenido ningún efecto en la realidad; las emisiones están aumentando y se permite a las industrias de los combustibles fósiles hacer negocios como si no pasara nada, mientras que millones de personas se ven cada vez más amenazadas por las consecuencias de la crisis climática. Greta Thunberg tiene razón cuando dice: «Hasta ahora no hemos conseguido nada». Los movimientos todavía tienen que ser muchísimo más fuertes y realmente nos necesitan a todes y cada une de nosotres.